Del derecho y del revés, el día después.

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Lo llaman “jet lag”. A mí parecer, esa palabra no aporta nada. Yo lo llamo resaca.

Después de 30 horas volando por el mundo, llegué al mundo del revés otra vez. Australia.

Llegué, después de 10 días a todo gas en España.  Desayuno con…, aperitivo con…, comida con…, café con…,cena con… y así día tras día. Entre San Sebastián y Madrid,  feliz con tanto trajín.

Al final llegué, salí del avión, ni derecha ni del revés. Salí de resaca. Con unas medias de comprensión que me oprimían hasta lo que no tengo. Una cola en el control de pasaportes de dos horas y otra hora para que el perro oliese mi maleta llena de queso de Idiazabal y jamón de bellota. ¡Hala que la fiesta continúe! pero a mí que no me huela.

La resaca duró, un par de días. No porque hubiera bebido. No. Ni porque lo haya dado todo estos días. No.

La resaca duró por el vuelo tan largo. Porque vienes del derecho y te tienes que poner del revés. Porque durante tanto tiempo; ves no sé cuantas pelis, haces amigos pasajeros, lees un libro, duermes no sabes ni a que hora, desayunas, meriendas y comes unas cuantas veces y al final ya no sabes ni que hacer con tu cuerpo… sólo piensas en ponerte los pies de orejeras.

La mujer que viajaba a mí lado, no bebió ni un sorbo de agua. Le dio al vino. Le dio a tope. Sólo vino. No se movió del asiento y durmió como un ceporro. Su vuelta al del revés sería de resaca de verdad. De las de antaño.

Mi vuelta fue como si me hubiera bebido el agua de los floreros, pero sin beberlo. Como si hubiera estado todo el fin de semana dándolo todo, pero sin darlo. Como si me hubiera pegado una fiesta sin que hubiera un mañana, pero sin fiesta y con mañana.

Mi vuelta fue, de dormir durante el día y tele techo durante la noche. Mi vuelta fue de sensación de resaca pero lo llaman “jet lag”.

Como no me convence la palabra “jet lag” y sí la palabra resaca para el próximo vuelo lo tengo claro.

Le doy al vino.

No quiero dar consejos ni ideas, de que hacer en un vuelo tan largo pero si creo que la mejor opción es:

Beber desde el principio vino, sólo vino; desayuno con… vino, comida con… vino, cena con vino…y de postre… vino.

Es decir, ¡al pan pan y al vuelo con vino!

¡Chin- chin!

La palabra resaca ahora coge sentido.

Aviso a pasajeros  que siempre se corre el riesgo de hacer un Melendi.

¡Cuidado!

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Caravan Park

Bla, bla ,bla…

Hacía ocho meses que no la veía. Teníamos muchas cosas que contarnos. Ahí las dos chascando de lo lindo,  en la autocaravana  a través de la Great Ocean Road.

Precioso todo. Precioso el paisaje. Precioso. Ya estábamos en marcha. Los cuatro. En autocaravana.

La cosa es que ellos, no hablaban demasiado. Delante, atentos a la carretera. De vez en cuando se decían algo. No mucho. Pero algo.

Será cosa de hombres, que no necesitan hablar. La verdad que las mujeres hablamos más. Lo necesitamos.

Íbamos a pasar tres noches en una autocaravana con nuestros amigos.

Libertad y aventura. Seguro.

Una paradita, para ver esto. Otra paradita, para comprar. Otra paradita y … no había anochecido y mi amiga me pregunta que dónde estamos.

Ni idea. Pero ya están pagando.

“Claro, hablamos demasiado y nos despistamos. Tenemos que coger las riendas”. Esa es mi amiga.

La primera noche, la pasamos en un camping fantasma. Al parecer tenía todo tipo de servicios, digno de un cinco estrellas. Lo que se dice un Caravan Park de lujo.

Mi amiga me comenta, que ella ha leído en un blog que unos durmieron en una autocaravana y se despertaron entre canguros. Que no era un recinto cerrado, vamos que no era un Caravan Park.

“Esta vez elegimos nosotras. Que tenemos baño y ducha. Y dormimos en un sitio guay con vistas. Pasando de los Caravan Park. Esta vez no nos la meten”.

La segunda noche la pasamos en otro Caravan Park con vistas al río. Teníamos elegido el lugar pero se hizo de noche.

La esperanza se quedó en una. Última noche para elegir el sitio.

Volvimos a leer la guía para elegir la ruta, el lugar idóneo. Lo teníamos.

Transcurrió el día entre emoción de ver una ballena, paisajes maravillosos, los doce apóstoles. También vimos koalas y caminamos.

Así que la última noche volvimos a dormir en el Caravan Park de la playa. No nos despistamos, nos dimos por vencidas.

Pero, ¡qué más da donde dormir cuando se está tan bien!IMG_20150821_174412

In-cómoda.

¡Qué locura!

¡ Rebajas!

 

¿Necesito zapatos? Realmente no. Realmente no necesito nada.

Bueno, por si acaso y  por si encuentro el chollazo voy a ir a echar un vistazo.

Igual unas bailarinas no me vienen mal. Son cómodas y coquetas. Es mi prenda fetiche.

Quizás me podía arriesgar con el tacón…uf no, no,no,  sólo pensarlo me duelen los pies.

Fijándome en el look australiano, no son de llevar tacón durante el día. Se estila mucho las bailarinas. Aunque el “outfit total sport”, es de lo más “in”.

El “outfit” de fiesta cambia radicalmente.  Taconazo,  maquillaje, vestido pegado, pantalón ajustado…más tacón, más maquillaje, más tetas postizas, más pestañas postizas, más, más, más…..si puedo o no puedo lo enseño todo.

Lo natural se vuelve artificial y el concepto de menos es más, se esfuma como la gomina.

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Verde que te quiero verde.

Es lo que pienso cada vez que tengo que cruzar la carretera.

Si hay algo que odio es pasar en rojo. Me da miedo.  Soy consciente que el coche saca lo peor de cada uno. Se me pasan por la cabeza una serie de pensamientos fatalistas que mejor no los comparto.

Siempre he preferido esperar a que el semáforo se pusiera en verde y  pasar tranquila mientras los coches estaban parados.

Después de unos cuantos meses viviendo en Sydney, sigo teniendo la sensación que, cada vez que cruzo la carretera arriesgo el tipo.

Por un lado, estoy despistada con la izquierda y  la derecha. Me pasa a menudo, no sólo en la carretera. Aquí conducen por la izquierda. Antes de cruzar tengo que pensar a que lado mirar. El coche tiene prioridad en cualquier cruce.

Por otro lado, no entiendo el funcionamiento de los semáforos. Pueden llegar a ser desesperantes. Hay que tener mucha paciencia. A mi marido en éstos casos se le agota.

Cuesta tanto coger un semáforo en verde, que si lo coges te sientes afortunada.

Al parecer, el verde sólo indica que puedes empezar a cruzar.  Con lo cual, sólo dura un par de segundos. El resto de la trazada hay que cruzar en rojo.

Como no se me quita el miedo a pasar así, yo sigo apretando el botón del semáforo para ver si el rojo se convierte en el verde, que te quiero verde.

Lo exótico del Botánico.

Hoy ha hecho un día espectacular. Aire fresco y solazo.  Ideal para pasear por el Botánico.

El Botánico es el parque por antonomasia de Sydney. Un enorme parque, en medio de la ciudad.

Libro en mano, he comenzado a caminar para disfrutar de la mañana.

Tan a gusto que estaba, me han entrado unas ganas bárbaras de ir al baño. En busca del baño perdido, un amable señor me ha parado y preguntado que si iba a la visita guiada.

El señor tenía pinta de sabio; barba y pelo blanco,  mirada transparente. Era el voluntario del Botánico. Él hacía la visita guiada. Se le veía entusiasmado.

Sin poder decir que no, durante hora y media he estado observando y admirando la madre naturaleza; paseando con gente variopinta y escuchando activamente, a ratos, al hombre sabio.

En un momento dado, nos hemos parado ante el  Drago Milenario. Sí, lo conocía. En el mismo Botánico lo tienen y el hombre sabio ha estado explicando su exótica procedencia. Lo observé en Icod de los Vinos y ahora en Sydney. Curiosa paradoja.

En un momento dado, el hombre sabio me ha preguntado sobre la traducción de una palabra; “bella sombra”, que estaba inscrita en castellano al lado del Drago.

Con una sonrisa he contestado “beautiful shade”. ¡Qué exótico me ha sonado!

En realidad, a todos les ha resultado exótico.

Y después de pronunciado, me he dado cuenta que  lo exótico del Botánico resulta ser español.

Crónica dulce.

Cosquilleo, falta de energía, palpitaciones, apetito atroz… Son algunos de los síntomas cuando se tiene una bajada de azúcar, o mejor dicho, una hipoglucemia.

Esta situación la viven la mayoría de diabéticos tipo 1, y yo no soy la excepción.

Las causas de esta enfermedad crónica, a día de hoy no se saben. En definitiva, el pancreas deja de generar insulina y la persona pasa a ser insulinodependiente. Es decir, a inyectarse insulina por vía subcutánea.

La insulina es la hormona que regula los niveles de azúcar en sangre. Esta falta de hormona es lo que genera elevados niveles de azúcar y el diagnóstico de la diabetes tipo 1.

Es de vital importancia para un diabético llevar un buen control médico.  Y como diabética, suelo acudir con cierta frecuencia al médico en Sydney.

No hay saturación. No hay  largas esperas. La hora prevista se cumple. La atención también es muy buena. A pesar de mis limitaciones lingüísticas, me entienden y se hacen entender. Además facilitan mail y teléfono personal del médico para una comunicación continua. Lo cual es de gran tranquilidad.

El ser diabético puede ser un engorro, pero también obliga a llevar una vida sana. http://lametaessalir.com. Como se suele decir, no hay mal que por bien no venga. Así mediante insulina, alimentación sana y ejercicio llevo la diabetes bajo control.

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Esperemos que en un futuro no muy lejano encuentren una solución definitiva a esta enfermedad y tenga su dulce final.

Falsos amigos y mi amiga Sorry.

Realmente no te puedes fiar. Ahí están al acecho. A pillarte. Sin piedad. Sin compasión.

Además eres presa fácil. Extranjera. Caes en la trampa. Una, dos, tres… y ya no sé cuantas veces más.

Quieres evitarlos, pero no encuentras el cómo. Están por todos lados. Quieres hacer todo más fácil. Que fluya. Ser amigable. Pero todo se vuelve turbio. Todo se confunde. Todo se vuelve en tu contra. Y te sientes incomprendida por no decir gilipollas.

Esos son tus falsos amigos, y el inglés también los tiene.

Hoy, me ha vuelto a pasar pero afortunadamente mi amiga Sorry me ha sacado del apuro, del mal rato y del descojone.

Sorry, siempre está ahí, para ayudar, como apoyo, como una buena amiga que no te deja caer en el abismo. Y menos mal que está y que existe.

Una palabra corta y fácil de pronunciar: Sorry.

Sorry sirve para un roto y un descosido. Que no te enteras de lo que te dicen, pues dices, “sorry”. Que sacan a pasear a esos falsos amigos, pues dices, “sorry”. Que quieres pedir algo, pues dices, “sorry”. Que pronuncias fatal, pues dices, “sorry”.

Con Sorry me siento segura, me siento bien. Si no fuera por Sorry no sé lo que haría.

Probablemente me buscaría un nuevo amigo, que se llamaría Excuse Me. O probablemente me haría amiga de mis falsos amigos, que cada día los comprendo más, me caen mejor y me gustan más.

Para celebrar esta nueva amistad digo: “Have a glass of wine on the house”.

Que quiero decir, que invita la casa a la copa de vino. No que invito a mi casa a tomar una copa de vino. Aunque, podría invitarlos también a mis falsos amigos a mi casa que, casi ya son mis amigos.

Aunque mejor no, que todavía me queda mucho  para llegar a una confianza plena.

Así que, no os confundáis amigos.